Lucrecia
Lucrecia
Catania
Catania
Brian
Brian
Alec
Alec
Arawn
Arawn
Príncipe de la Duna
Príncipe de la Duna
Iona
Iona
Riley
Riley
Ryder
Ryder
Iri
Iri
Vilma
Vilma
Cam
Cam
Asher
Asher
Isak
Isak
Seth
Seth
Kloe
Kloe
Kemet
Kemet
Quimera
Quimera
Lucrecia

Lucrecia

Pensarás que es lo peor, que debería tener un trabajo honrado. Pero estar al servicio de la Hermandad es lo más honrado que se me ocurre en una ciudad como Ysgrand. Es mi forma de rebelarme. Puede que la vida sea dura en el Barrio Negro, pero no viviría en el Barrio Dorado ni por todos los denarios del mundo.

Catania

Catania

No está preparada para presentarse a las elecciones. ¿Por qué ha presentado su candidatura al Senado? ¿Qué es lo que espera conseguir? Solo es una persona, una entre miles de patricios que no piensan como ella. No puede convencerlos a todos. La pregunta es: ¿podrá vencerlos? Lo duda. Pero ya es tarde para echarse atrás.

Brian

Brian

A Brian se le da bien disimular. Disimula durante la mayor parte del tiempo: por eso no parece un androide, por eso no parece un ladrón, por eso no parece nadie excepto Brian. El insignificante Brian.

O no.

Porque, aunque muchos no lo sepan, Brian se da cuenta de lo que sucede alrededor. Y le importa. Tal vez los androides no estén programados para entender a los humanos, pero pueden quererlos. Él puede. Él los quiere.

Alec

Alec

Como trilero de la Hermandad de Ladrones, el trabajo de Alec puede resumirse en lo que él llama «las tres es»: embaucar, engañar y estafar.

Y la verdad es que se le da bien. El físico le acompaña, desde luego: hay que ver cómo se deja engatusar la gente por unas facciones agradables, una voz bonita y una espléndida melena rojiza.

(Bueno, lo de «espléndida» se lo dice él mismo, pero por algo se empieza, ¿eh?)

Arawn

Arawn

Es un mentiroso excelente, pero pocas veces se toma la molestia de mentir. La fuerza bruta es mucho más rápida que el ingenio. Y de fuerza bruta anda sobrado. Es una cabeza más alto y diez veces más fuerte que cualquiera en el Humedal y, además, tiene muy mala hostia.

Príncipe de la Duna

Príncipe de la Duna

Un rey nunca debe abandonar su reino, pues corre el riesgo de que alguien le arrebate la corona durante su ausencia. Afortunadamente, la Mafia dunita tiene sus propias reglas: nadie accede al trono dorado sin derramar la sangre de su predecesor, y sólo un loco se atrevería a atacar a una serpiente venenosa.

Saben que el Príncipe de la Duna muerde. Muerde y emponzoña. Y te destruye sin piedad.

Hm. Es una buena carta de presentación, ¿verdad? Quizá no resulte amable, pero él jamás quiso ser amado. Prefiere mil veces ser temido. Es más… práctico.

Iona

Iona

Ysgrand está podrida, sí. Y cada uno sobrevive como puede. A Iona le gusta el Coliseo porque allí sobreviven los más fuertes. Por eso los gladiadores profesionales gozan de tan buena reputación: ellos también empezaron siendo propiedad de los Maestros de la Arena, pero han demostrado su valía. Y se han ganado la libertad.

Riley

Riley

Riley nunca ha entendido el comportamiento de su dueña, pero tampoco tiene por qué entenderlo. Como androide doméstica, su labor consiste en acatar las órdenes de los humanos; el único problema es que su humana es un tanto peculiar. Y, si gana las elecciones, algo cambiará. Pero Riley no sabe qué será: después de todo, no está programada para ver el futuro.

Ryder

Ryder

«¡Veinte años, 1’83 metros de altura, 71 kilogramos de peso! ¡Temperamento colérico! ¡Muy peligroso! ¡Sangre nueva!»

Desde que pisó el Coliseo se ha convertido en una apuesta. En un entretenimiento.Lo empujaron a la arena y le dijeron que solo había una forma de sobrevivir. Y ha sobrevivido, a costa de mancharse las manos. Pero tampoco es que sea la primera vez.

Iri

Iri

Un plebeyo honrado no puede sobrevivir en el Barrio Negro. Es imposible. Ya puedes dejarte la piel en el intento, que siguen jodiéndote hasta pulverizar tus huesos.

Por eso, cuando entre a formar parte de la Mafia dunita, nadie tendrá los cojones de volver a meterse con su familia. A partir de ahora, Iri va a ser la única que abuse.

Nunca ha hecho nada ilegal, pero esta noche es un buen momento para empezar a hacerlo.

Vilma

Vilma

Tiene la cara cubierta de sudor, pero no se detiene. Todavía no. Primero tiene que destrozar el saco, descargar en él toda su frustración. Vaciarse por dentro.

Cuando el Príncipe de la Duna la sacó de las cloacas del Barrio Negro, le dijo que una cría esmirriada no iba a sobrevivir en el Palacio si no espabilaba. Y ahora no sólo es la mano derecha de su líder, sino también el único miembro de la Mafia dunita que nunca lleva armas encima. No las necesita: ella es el arma.

Cam

Cam

Lo primero que le enseñó Kloe fue a cerciorarse de que el suelo que pisaba era seguro. Bueno, en realidad, eso fue lo segundo que le enseñó: lo primero fue a cerrar la boca a tiempo. Cuando sus caminos se cruzaron por primera vez, hace ya casi una década, Cam aún malvivía en las calles de Luxor, metiendo la mano en bolsillos ajenos y usando su agilidad para huir de los jenízaros. Kloe debió de verle algo, porque ese mismo día le propuso que se uniese a los chacales. Las cosas han cambiado mucho desde entonces.

Asher

Asher

Se pasa una mano por los bucles oscuros, se alisa el caftán de seda amarilla y se coloca el velo en la cabeza. La manga del caftán debería bastar para ocultar el tatuaje de la serpiente, pero lleva un falso vendaje por si acaso. Si lleva cinco años vendiendo los secretos de la Mafia a la Resistencia y aún no le han pillado, es porque toma precauciones.

Isak

Isak

Si le preguntan a Isak, el Laberinto ha perdido todo su encanto desde que ya no hay Criatura, Legión ni peligro alguno. ¿Qué tiene de emocionante un sitio que hasta un niño de once años podría cruzar?

Que conste que él ya tiene doce. Ha madurado, ¿es que nadie se da cuenta? ¡Incluso Mike sigue tratándolo como si fuese un crío! Después de todo lo que han vivido juntos, es indignante. Del señor jefe no esperaba otra cosa, la verdad; de hecho, casi le sorprendió que sus palabras exactas no fuesen «Vuelve cuando hayas crecido veinte centímetros», sino «Ni desierto ni desierta».

Seth

Seth

Mátalo.

Ese pensamiento se impone sobre todos los demás. No sabe exactamente por qué, pero tendría que matar al joven humano que tiene delante. Borrar ese cálido amago de sonrisa, quitarles el brillo a esos ojos oscuros. Quemar los suaves bucles oscuros y hacer jirones el caftán anaranjado. Convertirlo en cenizas grises y huesos amarillos.

Kloe

Kloe

Toda esta mierda empieza a ser demasiado para ella.

Las cosas iban bien hasta que empezó a cometer errores y sucedieron cosas que no esperaba. La historia se repite una vez más: cuando cree que está siendo una buena líder, todo se desmorona. Una parte de ella también quiere hacerlo, pero no puede permitirse el lujo de tirar la toalla, no después de todo lo que ha trabajado para salvar ese condenado valle.

Kemet

Kemet

Siempre ha agradecido que su mente fuese capaz de organizar toda clase de información de un modo sistemático y eficaz. Justo ahora está haciendo inventario de su colección: en un capítulo del cuaderno, la lista de cosas bonitas; en otro capítulo, la de cosas brillantes. Y un tercero lo dedica exclusivamente a las cosas bonitas y brillantes.

En el fondo, la operación mental es muy sencilla, y más para alguien que, como Kemet, disfruta resolviendo problemas.

Quimera

Quimera

Lo primero que hace la cosa que hay dentro de la jaula es arremeter contra los barrotes con un chillido escalofriante. Su cuerpo recuerda vagamente al de un hombre adulto, pero tiene la piel cubierta de escamas negras y el rostro parecido al de un lagarto. Los ojos, amarillos, poseen unas pupilas verticales que no dejan de moverse de un lado a otro.

Entonces la bestia abre la boca y muestra una hilera de colmillos afilados.